Mujeres 50+
Del cuerpo que se mira al cuerpo que se siente
Creo que hay un cambio muy importante en la vida de una mujer cuando empieza a comprender que su cuerpo no tiene que ser un cuerpo “bonito”, según los cánones establecidos, para ser un cuerpo profundamente sensual y capaz de sentir muchísimo placer.
Durante muchos años, muchas mujeres hemos aprendido a relacionarnos con nuestro cuerpo fundamentalmente desde fuera: cómo me veo, si estoy delgada, si tengo barriga, si mis pechos siguen siendo bonitos, si tengo arrugas, si todavía resulto atractiva…
Y a partir de los 50, cuando el cuerpo empieza a alejarse todavía más de ese ideal de juventud que nos han vendido, podemos vivirlo como una pérdida. O... podemos hacer un movimiento completamente diferente: dejar de mirar tanto nuestro cuerpo desde fuera y empezar a habitarlo desde dentro.
Porque cuando una mujer aprende a conocer su cuerpo, a sensibilizarlo, a respirar dentro de él, a moverlo, a energetizarlo, a descubrir qué le gusta y cómo le gusta… puede descubrir una capacidad de sentir que quizá ni siquiera conocía cuando era más joven.
Y entonces sucede algo precioso: empieza a amar su cuerpo no tanto por cómo se ve, sino por todo lo que ese cuerpo le permite sentir. Ya no es solamente un cuerpo para ser mirado o deseado. Es mi cuerpo. Mi lugar de placer, de vitalidad, de sensualidad, de emoción, de energía. Y eso, además, se irradia hacia fuera.
Creo que muchos hombres estarán de acuerdo conmigo en que pocas cosas resultan tan atractivas como una mujer que está a gusto en su cuerpo, que disfruta de él y que se siente dueña de su propio placer.
Y cuando hablo de ser dueña de su placer, hago una distinción que para mí es muy importante.
Porque muchas mujeres hemos aprendido muy bien a mostrar placer. A expresar, gemir, movernos o reaccionar de una determinada manera porque sabemos que eso excita al otro, porque queremos hacerle sentir deseado, porque queremos complacer.
Pero mostrar placer y sentir placer no son necesariamente lo mismo.
No se trata de dejar de expresarlo. Al contrario. Se trata de que la expresión nazca de una sensación auténtica, en lugar de convertirse en una actuación sobre cómo creemos que debería comportarse una mujer que está disfrutando.

Para mí, una parte preciosa de la sexualidad a partir de los 50 puede ser precisamente esa: dejar de interpretar el placer para empezar a habitarlo.
Pasar de preguntarme “¿soy deseable?” a preguntarme “¿qué deseo?”.
De “¿le estará gustando?” a “¿qué estoy sintiendo?”.
De un cuerpo observado a un cuerpo habitado.
Y ahí es donde, para mí, sexualidad y vitalidad se encuentran. Porque recuperar la capacidad de sentir no tiene que ver solamente con el sexo. Tiene que ver con sentirse viva.
¿Te resuena algo de todo esto?
Si sientes que estás en un momento de tu vida en el que quieres redescubrir tu cuerpo, tu vitalidad, el amor, el deseo y tu manera de relacionarte, hemos preparado un fin de semana especialmente para personas a partir de los 50.
Lee aquí la descripción de Amor y sexualidad a partir de los 50 y descubre si este retiro es para ti.










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